domingo, 21 de marzo de 2010

Gracias, Eli Yishai, por poner en evidencia la mascarada del proceso de paz

Gideon Levy
Haaretz

He aquí a una persona a la que se puede echar la culpa de todo: Eli Yishai(1). A fin de cuentas, Benjamin Netanyahu lo deseaba tanto, Ehud Barak presionó con tanta fuerza, Shimon Peres ejerció tanta influencia… y hete aquí que sale a la palestra el ministro del Interior y lo arruina todo.

Allí estábamos, al borde de un nuevo cambio histórico (o casi). Las conversaciones indirectas con los palestinos estaban en el aire, la paz llamaba a la puerta, la ocupación estaba llegando a su fin… y en eso aparece un bribón del Shas sin el más mínimo sentido de la oportunidad y de la diplomacia y echa por tierra todas las cartas de las negociaciones indirectas y de la paz.

El perillán irrumpió en mitad del festival de sonrisas y abrazos con el vicepresidente de los Estados Unidos e interrumpió la celebración. Las resplandecientes sonrisas de Joe Biden se congelaron bruscamente, la gran amistad estuvo a punto de desintegrarse, e incluso la cena con el primer ministro y su esposa estuvo a punto de ser cancelada, igual que todo el "proceso de paz". Y todo por culpa de Yishai.

Bueno, el ministro del Interior se merece nuestro modesto agradecimiento. La elección del momento, de la que todo el mundo se lamenta, fue perfecta. El calendario, del que todo el mundo se queja, fue brillante. Era exactamente el momento de llamar al pan pan y al vino vino. Como siempre, necesitamos a Yishai (y, ocasionalmente, a Avigdor Lieberman) para que muestren al mundo nuestro verdadero rostro, sin máscaras ni mentiras, y para que jueguen al "enfant terrible" que grita que el emperador está desnudo.

Y es que, efectivamente, el emperador está desnudo. Gracias, Yishai, por exponerlo. Gracias por rasgar el disfraz con el que se tapaban los juerguistas de la gran mascarada del proceso de paz en curso, un proceso en el que nadie cree y nadie quiere decir nada.

¿Qué es lo que queremos de Yishai? ¿Saber cuándo se reúne el Comité de Planificación de Jerusalén? ¿Que aplace su reunión dos semanas? ¿Para qué? ¿No había anunciado el primer ministro [Netanyahu] a Israel, al mundo y a los Estados Unidos, en un movimiento considerado en su momento como una gran victoria israelí, que la congelación de la construcción en los asentamientos no incluía a Jerusalén? Entonces, ¿por qué culpar a ese humilde funcionario, al ministro del Interior, que es el encargado de implementar esa política?

¿Cuál es el problema? ¿Otras 1.600 viviendas para judíos ultra-ortodoxos en tierras palestinas ocupadas y robadas? Jerusalén nunca será dividida, prometió Benjamin Netanyahu en otro movimiento que provocó aplausos. En tal caso, ¿por qué no construir en Jerusalén? Los estadounidenses están de acuerdo con todo eso, de modo que no hay razón para pretender que han sido insultados.

El ministro del Interior no debería pedir disculpas por el “malestar” que ha provocado, sino enorgullecerse por él. Él es el verdadero rostro del gobierno. Quién sabe, quizá gracias a él los EEUU finalmente comprendan que nada ocurrirá mientras no ejerzan una presión real sobre Israel.

¿Qué haríamos sin Yishai? Biden habría dejado de Israel propulsado por el impulso del éxito. Netanyahu se habría jactado de una estrecha amistad renovada. Unas cuantas semanas más tarde se habrían iniciado las conversaciones indirectas. Europa habría aplaudido y Barack Obama, el presidente de las grandes promesas, incluso habría dejado de lado por un momento las cuestiones de cobertura sanitaria que le ocupan en su país y se habría reunido con Netanyahu. George Mitchell, que ya ha protagonizado algunas insignes hazañas diplomáticas por aquí, se pondría a corretear entre Ramala y Jerusalén, y tal vez Netanyahu habría acabado por reunirse con Mahmoud Abbas. Cara a cara. Y entonces todo se habría solucionado.

Sin condiciones previas, desde luego, sin condiciones previas, en el ínterin Israel habría seguido construyendo en los territorios [palestinos ocupados], no 1.600 nuevas viviendas, sino 16.000. El ejército israelí habría continuado arrestando, encarcelando, humillando y hambreando, todo ello al amparo de las conversaciones de paz, naturalmente. ¡Jerusalén forever! El derecho de retorno está fuera de discusión, igual que Hamas. ¡Y por esa senda hacia la paz!

Pasarían meses, las conversaciones "progresarían", habría cantidad de sesiones fotográficas y de vez en cuando estallaría una mini-crisis, siempre por culpa de los palestinos, que no quieren ni paz ni Estado. Al final tal vez se alumbraría otro plan con otro calendario que nadie tendría la menor intención de respetar.

Todo estaba tan preparado, tan maduro, hasta que ese bribón de Yishai apareció y lo echó todo a perder. Es un poco embarazoso, pero no es tan terrible. Al fin y al cabo, el tiempo cura todas las heridas. Los estadounidenses perdonarán pronto, los palestinos no tendrán otra opción y, una vez más, todos se erguirán ceremoniosamente en la plataforma y el proceso volverá a “arrancar” de nuevo, a pesar de todo lo que el único enemigo de la paz por aquí, Eli Yishai, nos ha hecho.

(1)Eli Yishai: ministro de Interior de Israel y cabeza del partido ultraortodoxo sefardí Shas. Durante la reciente visita del vicepresidente estadounidense Joe Biden a Israel y Palestina anunció públicamente la construcción de 1.600 viviendas para colonos judíos en territorio palestino ocupado al Este de Jerusalén.

Traducido para Rebelión por LB