lunes, 22 de marzo de 2010

Seguimos siendo humanos

Reseña del libro de Vittorio Arrigoni sobre Gaza

Gaza: seguimos siendo humanos, de Vittorio Arrigoni. Prefacio de Ilan Pappé, Epílogo de Alberto Arce. Bósforo Libros (www.bosforolibros.com) 2010, 179 páginas ISBN: 978-84-936189-5-7

Agustín Velloso
Rebelión

Estamos en marzo de 2010 y parece que aún hay gente que recuerda el último gran ataque de Israel contra Gaza entre finales del año 2008 y principios de 2009: Plomo Fundido. La enormidad de muerte y daño que causó ha hecho que este ataque no se haya desvanecido del todo en la memoria de algunas personas fuera de Palestina.

Se puede decir que Israel hizo lo que hace habitualmente aunque más exageradamente: matar palestinos. Israel cuenta para ello con la aquiescencia y el apoyo de las potencias internacionales, en particular de Estados Unidos y la Unión Europea. Si embargo, parte de la opinión pública mundial reaccionó y protestó en la calle y por otros medios.

Menos gente recuerda que un par de años antes Israel asesinó a treinta y un niños en otros tantos días entre el 28 de junio y el 28 julio de 2006. Era una pequeña parte de la gran matanza mediante la cual Israel acabó con más de cuatrocientos palestinos e hirió a mil desde aquella fecha hasta el 26 de noviembre del mismo año.

Como la prensa occidental presentó este asesinato en masa con el bonito nombre que le dio el asesino, Lluvias de Verano, participando así una vez más sin balas -y sin riesgo- en el sacrificio, la gente siguió su vida igual que los alemanes siguieron la suya mientras los Nazis llevaban a cabo sus matanzas, camufladas con el aséptico nombre de Solución Final.

Lo mismo ocurrió con Nubes de Otoño, la represión de la primera y segunda Intifada, la Guerra de los Seis Días, la Crisis del Canal de Suez, la Guerra del 48, o sea, “operaciones”, guerras y ataques que causaron miles de palestinos muertos con el fin de despejar la tierra ansiada por los sionistas para establecer su Estado exclusivamente para los judíos: Palestina.

Vittorio Arrigoni decidió ser testigo del último crimen de hace poco más de un año. Como activista del International Solidarity Movement (http://palsolidarity.org/) permaneció en Gaza, donde colaboró en actividades de socorro a heridos (y otras similares) y se ocupó de informar al mundo de lo que veía mediante sus crónicas difundidas por Internet.

En este libro con forma de diario, por tanto, se puede seguir la estela de asesinatos, reacciones de víctimas, familiares y en general gentes de Gaza, durante aquel mes apocalíptico. En ocasiones, en relación con la información facilitada por el propio ejército israelí y por los medios de comunicación internacionales, a pesar de que éstos emitían sus crónicas desde Israel, a unos cuantos kilómetros de la frontera con Gaza.

El libro queda para la posteridad como un recuento de las experiencias de un activista, mientras convivía con las víctimas sin escapatoria del ataque israelí y colaboraba en tareas de auxilio. Es un documento descarnado, no un estudio, de lo visto por el autor, “la historia de tres semanas de masacre, escrita en la medida de mis posibilidades, en situaciones de absoluta inseguridad, a menudo transcribiendo el infierno que me rodea en un cuaderno arrugado, agachado a bordo de una ambulancia siempre a la carrera con la sirena aullando” (p. 20)

Junto a este recordatorio, tan necesario ante los esfuerzos de Israel y sus apologistas para que el resto de mundo olvide definitivamente sus crímenes, o los justifique mediante eufemismos igualmente criminales (derecho a la defensa de Israel, erradicar el terrorismo islámico, etc.), se deslizan algunas reflexiones y referencias que ayudan a que el texto no sea exclusivamente una catarata de escenas de disparos, muerte, cuerpos quemados y dolor por todas partes.

Pappé, el prologuista, escribe que “los palestinos han sido tan deshumanizados por los judíos israelíes -ya se trate de políticos, militares o ciudadanos comunes- que matarlos se ha convertido en algo natural, al igual que expulsarlos en 1948, o encarcelarlos en los Territorios Ocupados”.

Hace este mes un año que Ehud Barak pronunció un discurso en Jerusalén en el que insistió en uno de los mitos israelíes más queridos por los sionistas: "no albergo ninguna duda en mi corazón de que las Fuerzas de Defensa de Israel son el ejército más moral del mundo" (http://www.ynetnews.com/articles/0,7340,L-3692383,00.html)

Se puede creer a la prensa que reproduce sin más lo que dice el sionismo agresor o a Vittorio, que es la voz de las víctimas palestinas acalladas por aquél, cuando presenta la forma en que ese ejército realizaba sus ataques: "se tira una bomba, se espera a la ayuda, y se vuelve a bombardear a heridos y personal de socorro." (p. 98).

Vittorio avisa también a los que olvidan de que la agresión no ha cesado. Los aviones lanzan octavillas el último día de los ataques con esta advertencia: "Al mínimo acto de ofensa contra Israel volveremos a invadir la Franja de Gaza, lo que habéis vivido en estos días no es nada en comparación con lo que os espera." (p. 128)

Este libro merece incluirse en la "Educación sobre el Holocausto", que es una parte del currículum obligatorio en escuelas de todo el mundo. A menudo, los que manejan lo que Norman Finkelstein llama con acierto "la industria del holocausto", se aseguran de que ésta no languidezca en Occidente:

Así, en abril de 2007, la BBC informaba de que "el gobierno ha reafirmado que en Inglaterra la enseñanza del Holocausto a los niños es obligatoria" (http://news.bbc.co.uk/2/hi/uk_news/education/6563429.stm)

Hay 27 países que forman parte del Grupo de Trabajo para la Cooperación Internacional sobre la Enseñanza del Holocausto, entre ellos el Reino de España, que no tiene grupo alguno para la enseñanza de su memoria histórica. (http://www.holocausttaskforce.org/) ¿Qué objetivos declaran? Ninguna mención a la Carta Universal de los Derechos Humanos, nada sobre la justicia universal, ni palabra de los holocaustos que se producen hoy día ante sus ojos (Iraq, Afganistán, República Democrática del Congo, etc.).

Lo importante no es evitar un nuevo holocausto de pueblos y grupos humanos débiles, además desamparados por el resto de la humanidad, al tiempo que se recuerda a las víctimas de todo el mundo, sino recordar solamente a las víctimas judías del nazismo en Alemania (no se menciona las no judías) y justificar todo lo que haga Israel, incluso el holocausto a cámara lenta que lleva a cabo en Palestina.

Gracias a ti, Vittorio, y a otros como tú dondequiera que estén trabajando, no por tu valentía al quedarte en Gaza durante el ataque israelí, sino por tu repulsa a ser un testigo mudo en Palestina en el siglo XXI.