lunes, 18 de enero de 2010

La cúpula de hierro

El nuevo sistema de defensa anticohetes de Israel estrangula más aún a Gaza

Jonathan Cook
CounterPunch

Israel informó la pasada semana acerca de su “Cúpula de Hierro”, un sistema de defensa de misiles diseñado para interceptar los cohetes de corto alcance de la variedad que Hamas y Hizbullah lanzan contra Israel. Se supone que, a corto plazo, la Cúpula de Hierro eliminará la amenaza de los cohetes para las comunidades israelíes cercanas a Gaza cuatro años después de que Hamas ganara las elecciones palestinas.

Ese período intermedio ha venido marcado por una serie de movimientos no concluyentes por ambas partes: el aplastante bloqueo de Gaza por parte de Israel no ha conseguido aún romper la voluntad de los gazatíes; las negociaciones para la liberación de Gilad Shalit, un soldado israelí capturado por Hamas hace más de tres años, no han llegado a puerto alguno; las conversaciones de reconciliación entre las facciones rivales palestinas de Hamas y Fatah no han dado frutos; e incluso la bestial ofensiva contra Gaza del pasado año, la Operación Plomo Fundido, no consiguió gran cosa para Israel a nivel estratégico.

Ahora Israel dice que tiene en su mano la carta ganadora. A partir del mes de mayo, se instalarán las primeras baterías de la Cúpula de Hierro –desarrollada con un coste de 200 millones de dólares- alrededor de Gaza, lo que frustrará los esfuerzos de las facciones combatientes palestinas de continuar su lucha contra una política que niega a los habitantes del enclave todos y cada uno de los elementos humanitarios más básicos.

Los grupos militantes en Gaza han hecho cuanto han podido para mantener su desafío. Un portavoz de la Yihad Islámica declaró la pasada semana a Ma’an News, una agencia de noticias palestina, que el sistema de defensa anticohetes “no podría parar los proyectiles de la resistencia”, mientras, por vez primera desde la Operación Plomo Fundido, se lanzaban varias series de cohetes y proyectiles hacia Israel. Ehud Barak, el ministro de defensa de Israel, ha acusado a Hamas de cerrar los ojos ante esos lanzamientos.

Ciertamente que se plantean varias preguntas importantes acerca del proyecto israelí, a pesar de las enormes proclamas que los oficiales israelíes están haciendo.

El analista Reuven Pedatzur señaló hoy en el periódico Haaretz que Israel estaba vendiendo “engaños y medias verdades” sobre la Cúpula de Hierro. Indicó que el tiempo de vuelo, unos pocos segundos, de los cohetes que se disparan hacia las comunidades cercanas a Gaza, tales como Sderot, es mucho más corto que el tiempo que necesita la Cúpula de Hierro para calcular y hacer la intercepción.

Y otra cosa más importante aún, ¿qué sentido económico tiene para Israel intentar destruir cohetes caseros cuando cada interceptor de misiles cuesta alrededor de 100.000 dólares?

Los analistas militares calculan que, además, Israel se verá obligado a gastar 1.000 millones de dólares en las veinte baterías necesarias para proteger a las comunidades israelíes próximas a Gaza y las que están más hacia el norte, que en estos momentos se encuentran en la línea de fuego de Hizbollah desde el Líbano. Ese coste aumentará rápidamente en cuanto Hamas y Hizbollah amplíen el alcance de sus arsenales. Hay otro sistema, “Varita Mágica”, que puede al parecer derribar misiles de alcance medio, pero cada intercepción cuesta cerca de un millón de dólares. Y además hay costes adicionales a tener en cuenta cuando los grupos en Cisjordania empiecen también a lanzar cohetes.

El asedio de Israel contra Gaza podría rápidamente contestarse con una guerra de desgaste de Hamas y Hizbollah contra el presupuesto defensivo israelí, en un momento en que Israel está considerando gravosas aventuras militares algo más lejos, como la de Irán.

Sin embargo, la pasada semana empezaron a notarse síntomas de inquietud en Gaza. Grupos militantes han vuelto de nuevo a implicarse en enfrentamientos serios con Israel. El pasado domingo, Israel proclamó que en pocos días se habían disparado desde Gaza más de veinte cohetes y misiles de mortero, mientras fuentes palestinas declaraban que al menos ocho palestinos, entre ellos un niño de 14 años, habían muerto asesinados por los ataques aéreos israelíes.

Pero aunque la Cúpula de Hierro fuera poco más que un nuevo desarrollo del programa de guerra psicológica de Israel contra Gaza, Hamas está sintiendo indudablemente esa presión en varios frentes. A lo largo del año pasado, Israel ha ido asfixiando cada vez más al enclave costero.

Una de las medidas más importantes de Israel ha sido forzar a los palestinos a abandonar la tierra rural productiva en Gaza, gran parte de la cual está situada justo pegada al muro que rodea la Franja.

Según las autoridades palestinas, Gaza producía en otro tiempo la mitad de sus propios alimentos y la cuarta parte de su millón y medio de habitantes dependía de la agricultura. En la actualidad, alrededor de la mitad de su tierra no es utilizable. El ejército israelí destruyó parte de la misma durante la Operación Plomo Fundido. Otras zonas, según manifestaron investigadores italianos la pasada semana, están contaminadas con un cóctel de metales tóxicos procedentes del armamento israelí. Y hay mucho más tierra fuera de los límites porque cae en una zona tampón de 300 metros que Israel ha establecido junto al perímetro del muro, como la fuerza aérea israelí recordó a los habitantes de Gaza la pasada semana lanzando octavillas desde el aire. Los campesinos dicen que en realidad la zona penetra a menudo mucho más profundamente en el enclave.

Como Gaza ha perdido velozmente sus principales medios de subsistencia a causa de lo anteriormente expuesto, el salvavidas que proporcionan los cientos de túneles de contrabando desde Egipto a Rafah, bajo la única frontera no controlada por Israel, corre peligro inminente de acabar también eliminado.

Sellar la frontera de Rafah fue uno de los principales objetivos de la Operación Plomo Fundido, pero los bombardeos aéreos israelíes sólo tuvieron un éxito limitado en la destrucción de esos túneles. Pero ahora, en su lugar, Egipto está construyendo un muro de acero subterráneo para acabar con los contrabandistas. Aunque El Cairo está recibiendo críticas por la construcción del muro, y ha puesto entre sus propios intereses castigar a Hamas, las fuerzas impulsoras tras el proyecto son por supuesto Israel y EEUU. Se ha informado que ingenieros estadounidenses están proporcionando la experiencia técnica necesaria para que el muro sea tan eficaz como sea posible.

Esta semana se anunció también la construcción de otro muro, este construido por Israel junto a la frontera con Egipto inmediatamente al sur de Gaza. Aunque el objetivo es fundamentalmente tratar de detener el flujo de refugiados e inmigrantes ilegales que llegan a Israel, también persigue “ajustarle las tuercas a Hamas” bloqueando la única vía hacia Israel para ataques terroristas, según declaró ayer Yaakov Katz, analista del periódico Jerusalem Post.

El creciente aislamiento de la Franja –y el aumento de las presiones- tiene como objetivo enviar un mensaje a Gaza: que Hamas no tiene nada que ganar y todo que perder si se resiste a la ocupación de Israel, y que los gazatíes de a pie deberían volver la espalda al movimiento islámico.

Pero hay también un mensaje para los rivales de Hamas en Cisjordania. A Mahmoud Abbas, el presidente palestino, y a sus seguidores de Fatah, se les recuerda a diario que sus propias posibilidades de conseguir concesiones importantes de Israel –quedándose callados y quietos- son incluso más anémicas que las de Hamas si así no lo hacen.

La esperanza en Israel es que antes o después, el Sr. Abbas, o su sucesor, se den cuenta de que no hay más opción que aceptar las migajas territoriales de Cisjordania que a Israel le de la gana conceder para que se establezca ahí un estado palestino.

Jonathan Cook es escritor y periodista. Vive en Nazaret, Israel. Su libro más reciente es “Disappearing Palestine: Israel’s Experiments in Human Despair” (Zed Books). Su página en Internet es: www.jkcook.net. La primera versión de este artículo apareció en The National (www.thenational.ae), publicada en Abu Dhabi.

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández