jueves, 21 de enero de 2010

Netanyahu, comprometido por la denuncia de una empleada contra su mujer

LAURA L. CARO | JERUSALÉN - ABC
Actualizado Jueves , 21-01-10 a las 12 : 09

Las turbias denuncias presentadas por una antigua empleada de hogar contra la primera dama de Israel amenazan con comprometer otra vez la carrera y la imagen pública de su marido, Benjamin Netanyahu.

A punto de que se cumpla el primer aniversario de su regreso al poder como primer ministro del Estado israelí, Netanyahu se ha visto obligado a defender mediante una furiosa declaración oficial, -y el pasado lunes, en mitad de una conferencia de prensa junto a la sorprendida canciller Angela Merkel en Berlín-, a su controvertida mujer.

Son falsedades “repletas de calumnias y mentiras”, reclamaba el escrito del mandatario, que ha pedido solemnemente que dejen en paz a su esposa, ya criticada antaño por lanzar una zapatilla a la niñera de sus hijos y crucificada en los medios por su supuesta habilidad para dictar los nombramientos y ceses en los gabinetes de su cónyuge.

Por no hablar de su afición al lujo, documentada con la filtración a los periódicos de sus presuntos gastos en lavandería o peluqueros en exclusivos hoteles europeos, eso sí, con dinero público.

No va a ser fácil. Las acusaciones, en este caso, parten de una antigua dama de llaves que ha vuelto a poner a la primera dama de Israel en el centro de la polémica al acusarla ante el Tribunal de Trabajo de Tel Aviv de despotismo.

Maltratada como una cenicienta

“Sarah Netanyahu abusó de mí, me pagaba por debajo del salario mínimo, me obligaba a trabajar en sábado a pesar de que yo observo el descanso del sabat y me exigía llamarla “Señora Sarah Netanyahu””, ha declarado la asistenta, Lillian Peretz, que dice haber sido maltratada como una Cenicienta.

Durante los seis años que estuvo al servicio de la familia, ha añadido, debía vestir cuatro uniformes diferentes al día y una noche, el propio Benjamin la llamó a las dos de la madrugada para reprenderla por no haber enfundado adecuadamente una almohada. Ahora exige 55,4 millones de euros en compensación, incluidos salarios pendientes, y 9,2 millones por daños morales.

El último episodio de lo que en Israel se ha dado en llamar el “escándalo de la criada” fue anoche, cuando Peretz fue a comisaría para denunciar haber recibido anónimas amenazas de muerte por teléfono. La oficina del Primer Ministro se ha apresurado a condenar tales hechos y a comunicar que “hemos requerido a la policía que investigue rápidamente quién está detrás de la llamada y a perseguir a su autor con toda la fuerza de la ley”.

No es para menos. La popularidad de Netanyahu, adornada por el relativo éxito de estar salvando a Israel de la crisis global y el de resistir a las condiciones de los palestinos para volver a la mesa de paz, se tambalean. Al hilo del caso Peretz, la prensa le vapulea estos días.

Se ha abierto la Caja de Pandora, la antipatía social contra la polémica Sarah se ha vuelto contra el mandatario, al que de pronto llueven los reproches por su inoperancia y por ser un “político vacilante intentado contentar a todos para sobrevivir. Lo ha dicho Aluf Ben, el analista político del Haaretz, que advierte de que llega el fin del periodo de calma para Benjamin Netanyahu, y que el agrio asunto de la criada puede ser más determinante que las presiones de Obama para que, finalmente, Bibi se ponga en movimiento.