sábado, 20 de marzo de 2010

La 'limpieza étnica' de la ocupación

Mitri Ghnem, de 64 años, muestra lo que queda de sus olivos centenarios con el muro acechando al fondo

L. L. CARO | BEIT YALA (CISJORDANIA)
Sábado , 20-03-10

Mitri Ghnem tenía dos años cuando su familia fue expulsada de Yaffa en 1948. Tuvieron que correr a refugiarse con lo puesto en la cristiana Beit Yala, al oeste de Belén.

No fue fácil empezar. Ni ahorrar con un sueldo de albañil para poder casarse aquel 4 de junio de 1967 en que también salió de viaje rumbo a Jordania con su esposa, sin sospechar que su luna de miel se convertiría en una trampa: a la mañana siguiente, Israel lanzaría la guerra de los Seis Días. Selló las fronteras y dejó a la pareja exiliada en el país vecino durante doce años. Doce años de destierro arrancados de los suyos, hasta que en 1979 el Gobierno de Tel Aviv aceptó su petición de retorno, y Mitri pudo comprar 2.100 metros cuadrados de tierra de olivo en la Beit Yala de su juventud.

Gastó «hasta el último céntimo de lo que había ganado con un taxi y en la obra» durante el exilio forzoso, y levantó con sus manos un hogar para su mujer y sus tres hijos, soñando que su vida errante había terminado.

La Administración israelí de los Territorios Ocupados de Bet El le dio los permisos para edificar. Las escrituras también «son legales» y demuestran que el suelo es su «propiedad privada» Por eso, al viejo Mitri le faltan las fuerzas para contar que, a sus gastados 64 años, espera un visado para dejarlo todo y emigrar a Australia. Es una limpieza étnica que no elimina a los rivales, simplemente los expulsa.

Israel le confiscó en 1992 la mitad de su parcela para construir una «carretera segregada» que nunca podrá utilizar -es exclusiva para colonos- y que discurre en desmonte a pocos metros de su vivienda. Aquella dentellada a su único rincón en el mundo y a su honor le llevó al hospital. Pero lo peor viene ahora. Lo insoportable.

Hará dos semanas, «los soldados judíos irrumpieron y arrasaron con máquinas los olivos centenarios sin mediar palabra», porque el muro -la lengua de hormigón que Israel construye para partir Cisjordania- tiene que pasar a escasos cinco metros de su fachada. De hecho, la pared inmensa acecha ya por la espalda de Mitri, que, sentado en los troncos muertos de los árboles, mira sin esperanza alrededor. «La casa se va a morir sin viento ni sol...».

Reza en la iglesia

El muro la encerrará por dos lados y la dejará sin accesos, porque la casa está metida contra un talud y se quedará aislada. «Nos entierran -dice-, no sé si piensan darme un helicóptero para entrar y salir». Mitri lamenta la pena negra de que la ocupación lleve persiguiéndole seis décadas. «El abogado» ha apelado al Supremo. El primer ministro palestino, Salam Fayad, ha ido en persona esta semana a la casa. Mitri reza en la iglesia. Pero sabe que no hay nada que hacer. Y a lo lejos asoman ya los nuevos bloques del asentamiento judío de Gilo, que hace tres años no se veía. La colonia «se nos echa encima», presagia rendido, y jura que hubiera deseado no vivir para no ver esto.

http://www.abc.es/20100320/internacional-oriente-medio/limpieza-etnica-ocupacion-20100320.html