viernes, 28 de agosto de 2009

Una reconciliación imposible


Hasan Abu Nimah, The Electronic Intifada, 27 de agosto 2009

Una delegación de funcionarios de seguridad de Egipto se embarcó una vez más en otra misión imposible para sentar las bases de la próxima ronda de conversaciones de reconciliación interpalestina originalmente programadas para celebrarse entre Hamas y Fatah en El Cairo a finales de este mes. La delegación de Egipto, encabezada por el jefe de inteligencia, Omar Suleiman, se reunió primero con el líder de Fatah, Mahmoud Abbas, en Amman, antes de seguir hacia Ramala, Damasco y Gaza para reunirse con otros miembros de Fatah y de Hamas con la esperanza de suavizar sus respectivas posiciones antes de la reunión de El Cairo.

Los egipcios parece que han sugerido que las facciones palestinas acepten que las elecciones legislativas y presidenciales, actualmente fijadas para enero, se celebren antes de alcanzar un acuerdo de reconciliación. Pero ni esta idea, ni ninguna otra, han logrado romper el atasco.

Ambas partes han reafirmado su compromiso de asistir a la reunión de El Cairo, así como su disposición para llegar a un entendimiento, aunque esos sentimientos ritualmente expresados nunca han servido como indicador de progreso inminente.

Un obstáculo importante han sido los cientos de detenidos políticos de Hamas, encerrados en las cárceles de la Autoridad Palestina en Cisjordania controladas por Fatah. (La Autoridad Palestina de modo rutinario ha negado dichas detenciones, aunque Abbas anunció que 200 prisioneros de Hamas serían liberados con motivo del comienzo del Ramadán). Hamas exige también que las fuerzas de seguridad de Fatah, pertrechadas, entrenadas y supervisadas por el General estadounidense Keith Dayton, acaben con su represión contra los combatientes de la resistencia de Hamas como parte del plan respaldado por Estados Unidos para aplastar cualquier forma de resistencia a la ocupación israelí.

Este es realmente el meollo de la cuestión. Hamas está en efecto pidiéndole a su oponente Fatah/Autoridad Palestina (AP) que abandone su función primordial asumida como parte de su "estrategia de paz" y sus compromisos con la llamada "comunidad internacional," la hoja de ruta del Cuarteto, así como el plan Dayton. Fatah y el apataro de la AP que controla se adhieren a esta estrategia de lucha contra la resistencia auspiciada por Estados Unidos como condición fundamental para que la Autoridad Palestina siga recibiendo financiación internacional.

Esta es la razón por la que Hamas, obviamente, está en cabeza en la lista de objetivos de la AP. Esto también explica por qué las cárceles de la Autoridad Palestina están llenas de miembros de Hamas y por qué varios de ellos han muerto presuntamente bajo las torturas de la AP sólo el mes pasado.

Hamas - comprensiblemente desde su perspectiva - considera que el continuado acoso y asesinato de sus miembros a manos de las fuerzas de la AP son totalmente incompatibles con cualquier tipo de reconciliación. Por su parte, la AP se jacta de que estas mismas acciones (como un notorio incidente en Qalqiliya, en mayo, en el que fuerzas de la AP atacaron una casa donde se escondían miembros de Hamas, con resultado de seis muertes) son la evidencia de que la AP está cumpliendo con sus obligaciones según la hoja de ruta de "luchar contra el terrorismo."

Cualquier indicación por parte de la AP controlada por Abbas de que abandonaría esos compromisos la pondría en una posición insostenible ante sus patrocinadores y financistas extranjeros. Cada vez que Abbas se ha enfrentado con la posibilidad de elegir entre la paz con Hamas, o el continuo apoyo de sus patrocinadores extranjeros, ha elegido la segunda.

Puede que no sea desconocido que Abbas y su Autoridad de Ramallah sólo pueden funcionar dentro de unos parámetros formulados a medida para la conveniencia, de hecho para las necesidades de seguridad, de la potencia ocupante y las políticas pro-Israel de sus esponsors extranjeros. Hamas no tiene cabida en ese esquema férreamente construido. A pesar de la voluntad de Hamas de entrar en el sistema político y seguir las reglas del juego, la idea ha sido eliminar por completo de la ecuación al movimiento de resistencia, no permitiéndole ningún papel político en absoluto.

Las únicas condiciones bajo las cuales parece que Abbas permitiría la reconciliación son si Hamas se sometiera a la primacía de Fatah y al control permanente de la AP (por parte de Fatah) y diera su conformidad a la estrategia política de Fatah hasta ahora infructuosa. Una reconciliación anterior - el llamado acuerdo de La Meca de principios de 2007 - fue de corta duración, precisamente porque incluía a Hamas como socio igualitario. Bajo presión de EEUU, Abbas, se retiró del acuerdo, demoliendo el gobierno de unidad nacional que al amparo del mismo se había establecido.

La negativa de incluir a Hamas sobre la base de una plena integración y respeto por la enorme circunscripción que representa, fue lo que llevó al fracaso de las anteriores rondas de conversaciones de reconciliación. Estos hechos no son desconocidos para los patrocinadores del diálogo de reconciliación, ni para muchos otros que constantemente culpan a los palestinos - a menudo a Hamas - por no arreglar sus diferencias.

Los Acuerdos de Oslo de 1993, que crearon la Autoridad Palestina, tuvieron que ser adaptados periódicamente para mantener el énfasis en las exigencias del ocupante. Cualquier esfuerzo para dirigir las cosas en una dirección que permitiera a los palestinos extraer algún beneficio de los acuerdos, aunque fuera escaso, fue opuesto enérgicamente por Israel con los Estados Unidos apoyándole. Israel vio los acuerdos sólo como un instrumento para gestionar a los palestinos de modo que pudiera seguir disfrutando de una ocupación libre de problemas y seguir con la colonización de sus tierras.

Es por esta razón por la que el difunto líder palestino Yasser Arafat fue considerado en un momento determinado que ya no era un "socio de paz" adecuado para Israel. Y a pesar de que anduvo un largo camino para acomodar las demandas de Israel, sus enormes concesiones nunca fueron consideradas como adecuadas, aun cuando comprometió derechos fundamentales e intereses palestinos. Llegó a un punto en el que no podía entregar ya más derechos palestinos sin perder totalmente el apoyo y la credibilidad de su pueblo.

Así que a principios de 2002, una nueva dirigencia palestina (o un "líder títere" como lo describe Paul McGeough en su revelador libro Kill Khaled), tuvo que ser instalada. Aunque a menudo se atribuye al ex presidente de EEUU George W. Bush el presionar para que fuera reemplazado el líder palestino, McGeough dice que en realidad la idea se originó en el Mossad israelí. Debido a que expulsar a Arafat se consideraba inviable dada su popularidad entre los palestinos, el entonces jefe del Mossad, Efraim Halevy ideó un plan para resolver la situación. "Israel no podía eliminar a Arafat, pero Halevy creía que Israel podría manipular a otros para reorganizar la infraestructura de poder palestina de una manera que permitiera invertir gran parte de ella en otro sitio", escribe McGeough.

El plan de Halevy fue aprobado por el entonces primer ministro israelí Ariel Sharon y comercializado en las capitales árabes y extranjeras, donde - según Halevy - fue bien recibido. Bush adoptó con gran entusiasmo el plan, que se convirtió en el origen de su petición de junio de 2002 de un nuevo liderazgo palestino

El golpe de Estado incruento de Halevy contra Arafat fue planeado de tal modo que Arafat seguiría siendo la "cabeza titular", pero se vería despojado de todos sus poderes, que serían otorgados a un nuevo primer ministro. El hombre seleccionado para este trabajo "a requerimiento de Washington y los israelíes", escribe McGeough, fue Mahmoud Abbas, quien más tarde sucedería a Arafat como líder de Fatah y presidente de la AP. El control de los fondos se puso en manos de un ministro de hacienda, y fue seleccionado para este papel un desconocido funcionario del Banco Mundial llamado Salam Fayyad. Hoy en día, Fayyad sirve como primer ministro nombrado por Abbas.

Es difícil encontrar en la historia el ejemplo de un movimiento de liberación que se transforme de manera tan completa en instrumento de los opresores. Pero la comprensión de esta triste realidad es la clave para entender por qué hablar de una "reconciliación" entre los palestinos es fútil mientras persista esta situación.

El fracaso de la reciente misión egipcia ha conducido inevitablemente a la postergación hasta después del Ramadán de la ronda de reconciliación que estaba prevista en El Cairo. No habiendo voluntad de declarar estéril el esfuerzo de reconciliación, lo más probable es que éste no será el último aplazamiento.
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Hasan Abu Nimah es el ex representante permanente de Jordania ante las Naciones Unidas. Este ensayo apareció por primera vez en The Jordan Times y se vuelve a publicar con el permiso del autor.