domingo, 25 de octubre de 2009

El tratado de paz Jordania-Israel

Quince años de una paz difunta

Muna Awwad
The Star

Quince años después de de la firma del Tratado de Paz de Wadi Araba entre Jordania e Israel, dicho tratado no demuestra otra cosa que el fracaso de la idea de que la paz con un Estado como Israel, que insiste en mantener su mentalidad de castillo y sus características expansionistas, pueda cosechar algún resultado positivo. El 26 de octubre de 1994, Jordania se convirtió en el segundo país, después de Egipto, que normalizó relaciones con Israel al firmar el tratado de paz entre ambos países, después de un estado de guerra entre ellos desde 1948.

La firma de un acuerdo con Israel no fue bien recibida por el pueblo y la sociedad civil de Jordania, que había tenido suficiente experiencia con la realidad israelí. Una serie de demandas y actividades opuestas han tenido lugar en Jordania desde 1994; y ahora, 15 años después, al aproximarse el aniversario de ese evento histórico, la futilidad del espejismo de la paz se hace más evidente para todos los jordanos, incluidos sus partidarios de entonces.

El rey Abdullah II sonó muy pesimista cuando fue entrevistado por el periódico israelí Haaretz el martes 6 de octubre; en respuesta a una pregunta sobre el grado de felicidad de la celebración del 15 aniversario del tratado, el rey dijo: “No tan feliz como cuando se firmó el tratado de paz; nuestra relación se está enfriando… Hoy es casi imposible que un jordano vaya a Israel, a Jordania vienen a visitarnos sólo unos 150.000 israelíes al año y en su mayoría son árabes israelíes, el comercio es casi inexistente; el 15 aniversario es un recuerdo de que cuando existe un compromiso de respeto de los derechos del otro, cuando existe liderazgo con el coraje de tomar decisiones difíciles en función del interés de la gente, se puede lograr la paz”

Aunque el parlamento ratificó en su época el tratado, actualmente existen muchas voces en el parlamento que piden su anulación.

El parlamentario Khalil Atiyeh dijo: “Israel es la única parte que se ha beneficiado con este tratado, mientras que no se ha mostrado ningún respeto a Jordania en ningún momento; todo esto se debió a la falta de compromiso israelí con el tratado de paz; durante los últimos 15 años, Israel contaminó nuestras aguas, incendió nuestras tierras de cultivo, expresó de vez en cuando la noción de la patria alternativa, y muchas otras violaciones que empeoraron aún más la imagen de Israel en Jordania. Esperamos que la declaración del rey aliente al gobierno a detener todas las formas de normalización con este enemigo.”

El activista y analista islámico Ali Abul Sukkar también pensó que es lógico que la dirigencia jordana llegue a este punto. Dijo: “La naturaleza de la actitud israelí, que es siempre arrogante hacia los demás, tenía que reflejarse en la relación con Jordania especialmente, ya que Israel ignora el cumplimiento de muchos artículos mencionados en el tratado. Este tratado debería terminar como el tratado jordano-británico, que murió antes de completar su décimo año por la decisión oficial jordana de liberarse de su compromiso con un tratado semejante.”

Sin embargo, muchos otros creen que la posición oficial no representa una respuesta adecuada a las continuas violaciones de Israel.

El escritor y activista Hisham Bustani cree que el asunto es demasiado complejo para expresarlo simplemente en declaraciones. Declaró a The Star “Israel y Jordania están orgánicamente vinculados por tres cadenas inquebrantables: El tratado, la alianza estratégica con el proyecto de EEUU en la región árabe, y la naturaleza como Estados funcionales. Las relaciones jordano-israelíes continuarán como antes, en el ámbito económico, y sobre todo en el ámbito de la seguridad. Sabemos que existe una alta ‘cooperación’ en la seguridad entre Jordania e Israel, que también incluye a EEUU” Por otra parte, la declaración oficial trajo esperanzas a los muchos que esperaban un paso semejante. Badi Rafay, destacado activista contra la normalización, dijo: “Si esta declaración apuntaba prácticamente a evaluar la relación con Israel, y no sólo a una posición temporal, sería un éxito histórico que merece pleno apoyo.”

Abul Sukkar explicó a The Star que el acuerdo de paz jordano-israelí era como una maldición para el Estado, la gente y la vidas de Jordania. “Este tratado fue un insulto a Jordania y a su gente en varios niveles, especialmente en términos de aislar a Jordania de su dimensión árabe e islámica y convirtiendo a Jordania, según algunos países, en un cruce para el enemigo sionista, sus políticas y sus productos; esto también tuvo un reflejo negativo en la economía de Jordania cuando algunos países dudaron en permitir el ingreso de productos jordanos por temor a que pudieran incluir bienes de origen israelí.”

Además, Rafay señaló que “el tratado ha contribuido a empeorar las condiciones de libertad general en Jordania; la gente no quería esa relación, y eso condujo a restricciones a la libertad de expresión aplicadas por el gobierno.”

Desde otra dimensión, el paso tomado por Jordania de iniciar relaciones diplomáticas con Israel tuvo más desventajas que beneficios para Jordania.

“Al firmar el tratado, reconocimos el derecho ilegítimo de Israel a ocupar tierras árabes y el establecimiento ilegítimo de su Estado sobre la destrucción, el asesinato y la expulsión de su población árabe nativa, y reconocimos todas las medidas que se tomaron para fortalecer y arraigar ese Estado ilegítimo,” dijo Bustani.

Según los analistas, la continuación de las trasgresiones israelíes en Jerusalén, que han aumentado recientemente, han exasperado a los jordanos a todos los niveles. Abel Sukkar dijo: “Jordania tiene la autoridad oficial sobre el complejo de Al-Haram Al-Sharif y otros sitios religiosos en Jerusalén según este tratado; ¿cómo se pueden describir las excavaciones y los ataques realizados por Israel sino como un desdén total hacia Jordania?” El investigador Abdullah Hammoudeh comentó: “Los túneles excavados bajo la Mezquita Al-Aqsa, la destrucción de casas, y la apropiación de propiedades son todas formas de insulto a la soberanía jordana.”

En el ámbito económico, los beneficios iniciales que representó el tratado han disminuido, ya que después de 15 años resultó que las cosas retrocedían.

“Existe un papel económico que Jordania debe jugar a favor de Israel: “El tratado de paz no requiere sólo que se termine el boicot económico jordano de bienes israelíes, sino también requiere que Jordania coopere para terminar con el boicot de terceras partes dirigido contra Israel (es decir, países árabes que todavía no han normalizado con Israel y países y grupos no-árabes que todavía boicotean a Israel por motivos éticos); la transformación de Jordania en un “facilitador” y “mediador” para la economía israelí. El tratado de “paz” habla en muchos de sus artículos del establecimiento de un “marco regional de cooperación” y un “marco de cooperación regional económica más amplia”, en la cual Israel será definitivamente el ‘líder’,” explicó Bustani a The Star.

En otro contexto, Abul Sukkar sugiere que el tratado no protegió los derechos territoriales de Jordania. “Sin mencionar que este tratado no había garantizado fronteras seguras para Jordania, sino que la mantuvo bajo la amenaza de un patria alternativa, también ignoró las tierras jordanas ocupadas por Israel; Um al-Rishrash era tierra jordana oficialmente ocupada en 1949; no fue devuelta o liberada y fue totalmente ignorada por el tratado,” dijo Abul Sukkar.

En este contexto, Bustani dijo que “el tratado de ‘paz’ también destruye la soberanía jordana sobre su propio territorio: a-Ghamr y al-Baquoora, ambos territorios jordanos ´liberados’ de la ocupación israelí mediante el tratado, bajo las siguientes condiciones: la tierra se arrienda a los israelíes por 25 años renovables por acuerdo de ambas partes, si una de las partes deja de estar de acuerdo bajo esas condiciones, ¡la tierra no se devuelve a Jordania, sino que se inician nuevas negociaciones! Se permite que los israelíes entren y salgan sin registrar sus pasaportes o ningún tipo de documento de identidad, sólo los israelíes pueden entrar en esas tierras con sus armas, el tratado se refiere a los israelíes como ‘dueños de las tierras’, etc. En resumen, Baquoora y Ghamr son áreas que están bajo la soberanía de Israel, y no fueron devueltas.”

Abdullah Hammoudeh señaló el error histórico de firmar este tratado cuando dijo a The Star: “mediante este acuerdo dimos a Israel un derecho legítimo a sus crímenes y aprobamos la historia judía de Palestina, que había servido históricamente al pueblo judío.” Hammoudeh también habló de las expresiones y términos utilizados en el tratado y de su peligro.

En este contexto, Bustani dijo: “Respecto al tema de los refugiados, el tratado de paz define el problema de los refugiados como “humanitario”, eliminando toda su perspectiva política.

También se refiere a él como resultado del “conflicto” en la región, eliminando la responsabilidad directa de Israel. El tratado no sólo deja de mencionar el derecho de retorno a sus casas y tierras de los palestinos, ¡sino que menciona específicamente el ‘asentamiento’ de los palestinos como objetivo!”

En el ámbito popular, se han hecho muchos esfuerzos para mejorar la imagen de Israel en el pueblo jordano; pero Israel sigue siendo para la mayoría de jordanos y árabes la peor experiencia histórica y el Estado más descrito como enemigo; la embajada israelí en Amman se considera tabú y el embajador israelí es boicoteado, ignorado y no bienvenido durante su estadía en Amman.

“La gente se niega a normalizar con Israel. La paz no es un valor si no representa justicia, y la justicia exige la descolonización de Palestina y el fin del proyecto colonial sionista en la región árabe,” dijo Bustani.

Hattar aseguró a The Star que estos 15 años fueron un desperdicio, y que no eran necesarios para descubrir todas las realidades mencionadas. “El tratado no necesitaba un experimento; los 15 años han demostrado que la ideología del enemigo sigue igual, con y sin paz; quiere a Jordania como un pasaje para la normalización con la región,” dijo.

Con el actual punto muerto al que ha llegado la región después de darse cuenta de que Israel no está interesado en la paz con los palestinos, en una paz basada en la justicia y según las resoluciones de la ONU, la pregunta es qué puede hacer Jordania para liberarse de este tratado.

Bustani sugiere que “Jordania deberia rediseñar sus relaciones estratégicas; debería comenzar a explorar diferentes alianzas globales y regionales con países como Rusia, China, Siria e Irán; debería explorar las inmensas posibilidades con crecientes democracias latinoamericanas como Venezuela y Brasil; debería liberarse de las obligaciones de seguridad hacia Israel mediante la anulación del tratado.” “La anulación de tratados no significa la guerra, sino la preservación de los intereses de la gente y mantener una posición en la cual las cosas se pueden cambiar para un mejor escenario futuro,” concluyó Bustani.

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens