jueves, 6 de agosto de 2009

Así es como trata la Autoridad Palestina a los periodistas palestinos

[05/08/2009 - 03:27 PM]

Por Khalid Amayreh en Belén

La Autoridad Palestina (AP) no deja de sorprendernos con su infinita estupidez y su comportamiento insensato.

El 4 de agosto, como muchos otros periodistas, decidí viajar a Belén para cubrir la tan anunciada y tan esperada sexta asamblea de Fatah. Fuertes medidas de seguridad y miles de policías habían sido desplegados en el tradicional lugar de nacimiento de Jesús. Esto generó gran consternación entre los residentes, que tenían que caminar largas distancias para llegar a sus hogares y empresas.

Algunos de los policías con los que me encontré de camino hacia el lugar de la conferencia fueron agradables y amables, pero otros fueron excepcionalmente onerosos.

Cuando llegué a la sala de conferencias en la Escuela Tierra Santa en el centro de Belén, me dijeron que sólo se permitía entrar a las personas que dispusieran de una tarjeta de prensa especial emitida por la oficina del presidente en Ramallah.

Al parecer, unos días antes, la oficina del presidente se puso en contacto por correo electrónico con "unos pocos periodistas selectos" y reporteros gráficos, para que fueran a Ramallah a buscar la tarjeta de prensa.

Yo no estaba entre ellos, por razones que todavía ignoro, por lo tanto, no dispongo de la tarjeta especial.

Y no fue por no intentarlo. Me había puesto en contacto con las oficinas locales del ministerio de información de la AP en Hebrón y Belén, quienes me informaron de que no sabían lo que estaba pasando. Su única y lacónica respuesta fue siempre "puede llamarnos mañana y esperamos poder ayudarle".

Cuando estaba fuera de la Escuela Tierra Santa, junto con muchos "periodistas sin privilegios", un oficial de seguridad me llamó por mi nombre. Agarró mi ordenador portátil y mi cámara de fotos y me reprendió por sacar una foto de la entrada a la sala de conferencias.

Después, unos minutos más tarde, dos agentes de paisano de la Fuerza de Seguridad Preventiva (FSP) me pidieron que los acompañara "unos minutos" a su sede local.

Allí me vi confrontado (tal vez la palabra correcta sea afrontado) por un agente tras otro de la FSP que me hicieron las mismas preguntas una y otra vez, principalmente sobre detalles personales y los medios de comunicación para los que estaba trabajando.

Uno de ellos dijo que yo no era un verdadero periodista, porque no tenía "licencia para ejercer la profesión de periodismo."

Otro se llevó a mi tarjeta de identidad y dos tarjetas de prensa diciéndome que esperase hasta que él recibiera nuevas instrucciones de las "autoridades de seguridad".

Cuando empezaba a sentir que el asunto era algo más que un malentendido, y que el hostigamiento era deliberado y tenía que ver en primer lugar y sobre todo con que a la AP no les gustan mis artículos, llegó uno de los de la FSP y me dijo que quedaba detenido hasta la noche.

Le pregunté cual era la razón y por qué se me señalaba para este "trato benévolo", sugirió que mi presencia en Belén constituía un riesgo para la seguridad.

No fui particularmente maltratado en la sede de la FSP, pero la detención totalmente injustificada durante seis horas puso de relieve la forma de actuar arbitraria y caprichosa de la AP.

Finalmente, llegó otro oficial a la habitación donde me "custodiaban" diciéndome que se me prohibía la entrada en Belén durante ocho días y que mi nombre había sido distribuido a todos los puestos de control y puestos de control de carreteras de la zona.

Cuando le presioné para que me dijera por qué se estaba haciendo esto y de que violación de la ley se me acusaba, me dijo "No sé, soy un oficial de seguridad, y sólo cumplo órdenes de arriba".

No era esta la primera vez que tenía un encuentro con las FSP y otros organismos de seguridad de la AP. Por esta razón me di cuenta desde el principio de que estaba tratando con un aparato de seguridad que opera, no sólo fuera del imperio de la ley, sino también fuera del círculo de la lógica. Ello me convenció de que no debería intentar cuestionarlos.

A eso de las 15:30 me dejaron salir, pero no sin antes entregarme una citación para que acuda a la oficina de la seguridad preventiva en Hebrón.

Creo que el comportamiento de los organismos de seguridad de la AP en este caso en concreto ha sido a la vez estúpido y contraproducente.

Sucede que soy uno de los pocos periodistas palestinos que escriben mayormente en inglés para una audiencia extranjera. Tratamos de comunicar al mundo exterior las criminales violaciones de Israel en materia de derechos humanos de la población palestina, así como el salvajismo de los colonos judíos y su terrorismo contra los indefensos civiles palestinos.

Sin embargo, en lugar de recibir elogios de la Autoridad Palestina, lo que recibimos es hostigamiento y persecución.

Este episodio por parte del aparato de seguridad de la AP no es una expresión de mala voluntad maliciosa de los funcionarios de seguridad. Es más bien una expresión de ignorancia y estupidez. Pero la ignorancia no es excusa, porque los intereses nacionales palestinos no estarán servidos por ignorantes funcionarios de seguridad que erróneamente piensan que persiguiendo y humillando a los periodistas aumenta la seguridad y hace que "el Estado!" sea más temido y respetado. De hecho, un estado que es temido, por lo general no es respetado. El respeto es a menudo la antítesis del miedo.

Desde luego no voy a dejar que me intimide esta conducta infantil del aparato de seguridad de la AP. Nuestra misión como periodistas es más primordial que perder tiempo y energía lidiando con distracciones estúpidas.

Pero confío en que funcionarios de la AP, en particular aquellos que entienden la importancia de la libertad de prensa y el papel de los medios de comunicación al servicio de la justa causa del pueblo palestino, se encargarán de que estupideces teatreras como ésta no se repitan.

Debemos respetarnos a nosotros mismos, de lo contrario nadie nos respetará ni nos tomará en serio.