domingo, 27 de diciembre de 2009

"Castigar, humillar, aterrorizar"

La crisis humanitaria de Gaza no ha sido producida por un "desastre natural" sino que es fruto de una "política deliberada", dice el autor. [GALLO/GETTY]

Por Ben White
Sábado, 26 de diciembre 2009

En el primer aniversario del ataque de Israel contra la Franja de Gaza es indispensable volver a examinar la operación plomo fundido en el contexto más amplio del enfoque de Israel respecto a Gaza y los palestinos.

Existe el peligro de que el grado de devastación y las protestas internacionales que siguieron a la guerra puedan desviar la atención de las políticas israelíes más amplias de castigo colectivo y de un colapso socio-económico creado deliberadamente.

La primera parte importante de este contexto, tanto antes como después del ataque contra la Franja de Gaza, es el paralizante bloqueo israelí.

El aislamiento de la Franja de Gaza se remonta en realidad a la década de los 1990, cuando Israel aplicó por primera vez el sistema de "cierre" y valló el territorio. Pero el estricto control israelí actual de la Franja de Gaza se remonta a después de las elecciones al Consejo Legislativo Palestino en enero de 2006, y luego la derrota armada de Fatah por Hamas, en el verano de 2007.

Así que, incluso antes de los ataques generalizados a la infraestructura civil por el ejército israelí hace un año, la Franja de Gaza ya había sido sometida a lo que el informe Goldstone describe como "una política sistemática de progresivo aislamiento y privación".

"Economía desmantelada"

Desde 2007, la ayuda como porcentaje del total de las importaciones en la Franja de Gaza ha aumentado ocho veces. El desempleo de la fuerza laboral se sitúa en alrededor del 40 por ciento, con sólo el siete por ciento de las fábricas en funcionamiento. El promedio semanal de camiones de mercancías que entran en Gaza es un cuarto de la cantidad del primer semestre de 2007.

Meses antes de operación plomo fundido, un informe de una agencia de ayuda describió que el bloqueo "está destruyendo la infraestructura de servicios públicos de Gaza" y "ha desmantelado efectivamente la economía".

No es de extrañar entonces que la misión a Gaza de la Organización Mundial de la Salud informara en mayo de este año que "desde 2006, los efectos del bloqueo sobre la salud han incluido el estancamiento de la esperanza de vida, el empeoramiento de la mortalidad infantil, y el retraso del crecimiento infantil".

Israel también ha mantenido un estricto control sobre el espacio aéreo de Gaza y sus aguas territoriales, el registro de población, y el movimiento entre Gaza y Cisjordania.

Estrategia política

El segundo contexto fundamental para la operación plomo fundido es la estrategia política global que subyace tras el castigo colectivo de Israel a los palestinos de Gaza. Porque la catástrofe humanitaria documentada en numerosos informes de Naciones Unidas y de ONGs no es, por supuesto, un "desastre natural", sino una estrategia política deliberada.

Uno de los principales objetivos de Israel durante los últimos años ha sido el de mantener a Hamas aislado diplomáticamente e internacionalmente. Tzipi Livni, la entonces ministra de Relaciones Exteriores, dijo en una conferencia de prensa a unos días de la operación plomo fundido "lo importante que era impedir que Hamas se convirtiera en una organización legítima" (una razón por la que Israel prefirió no prorrogar la tregua de seis meses).

Otro objetivo clave israelí, evidente en el bloqueo en curso, así como en el brutal asalto militar de la operación plomo fundido, es castigar a la población civil con la esperanza de volverla en contra de Hamas.

A principios de 2006, un asesor de Ehud Olmert, el entonces primer ministro israelí, dijo que "la idea es poner a los palestinos a dieta" con el fin de presionar al gobierno electo con mayoría de Hamas.

En septiembre de 2007, el periódico israelí Ha'aretz informó sobre los planes de los militares israelíes "para limitar los servicios a la población civil de Gaza" para "comprometer la capacidad de Hamas de gobernar".

Esta es la lógica que dio forma a las operaciones militares de Israel que, en palabras del informe Goldstone de la ONU, fueron "dirigidas por Israel contra la población de Gaza en su conjunto, en cumplimiento de una política global destinada a castigar a la población de Gaza".

"Des-desarrollo" de Gaza

Que este fue un asalto "cuidadosamente planificado" con la intención de "castigar, humillar y aterrorizar a la población civil", estaba claro en su momento.

El Jerusalem Post informó que Shimon Peres, el presidente israelí, dijo que el objetivo de Israel era el de "proporcionar un fuerte golpe a la población de Gaza para que perdiera las ganas de disparar contra Israel".

Mientras cientos de palestinos estaban siendo asesinados, The Washington Post, relató que la "esperanza" de los funcionarios israelíes era que "los habitantes de Gaza se enfadaran con Hamas y echaran al grupo del poder".

Un israelí ex asesor de seguridad nacional le dijo a The New York Times que "la terrible devastación" causada por ir más allá de los "objetivos militares" acarrearía "un montón de presión política" para Hamas.

Atentar contra la población civil para lograr un objetivo político es una definición estándar de terrorismo: en palabras del Departamento de Estado de EEUU, "violencia premeditada, por motivos políticos, perpetrada contra objetivos no combatientes". La ley federal de los EEUU describe el terrorismo como la violencia o los "actos que ponen vidas en peligro" con la aparente intención de "intimidar o coaccionar a la población civil".

Una última parte de la estrategia política de Israel contra la Franja de Gaza es convertir el territorio en una crisis humanitaria despolitizada, volviendo a su población completamente dependiente de la ayuda internacional. Esta es la estrategia de "des-desarrollo" que ha estado sucediendo durante décadas y que ahora es más intensa y más brutal.

Dilema contemporáneo del sionismo

Pero el contexto tercero y último para recordar los acontecimientos de hace un año requiere mirar más allá de Gaza para ver las políticas de Israel hacia los palestinos en su conjunto.

El régimen de control de Israel sobre los palestinos, tanto los de los territorios ocupados, como los que tienen ciudadanía en las fronteras anteriores a 1967, es una respuesta al dilema histórico y contemporáneo del sionismo político: cómo crear y mantener un estado judío en una tierra con una población no judía.

En 1948 y 1967, Israel fue capaz de llevar a cabo la expulsión en masa de palestinos. Desde entonces, sin embargo, las políticas de Israel hacia los palestinos, encaminadas a mantener la dominación de un grupo sobre otro, se han guiado por dos principios paralelos: un máximo de tierras con el mínimo número de árabes, y el máximo número de árabes en la mínima superficie de tierra.

Así es como el bloqueo de Gaza y la operación plomo fundido encajan con el desalojo de los palestinos en Jerusalén Este, la consolidación de los bloques de asentamientos en Cisjordania, y la política del estado de Israel hacia el Negev y la Galilea.

Poco a poco, los palestinos son expulsados, ya sea a través de la demolición de viviendas, la eliminación de permisos de residencia, o la creación de condiciones que hacen imposible la continuación de una vida normal.

No hay ninguna "solución" para Gaza que no sea la de una paz con justicia para los palestinos y los israelíes judíos, que sólo puede surgir cuando se respeten los derechos del pueblo palestino en virtud del derecho internacional, y se confronten de modo serio las políticas de Israel de desposesión, segregación y discriminación estructural.

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Ben White es un periodista independiente y escritor especializado en Palestina / Israel. Sus artículos han aparecido en publicaciones como The Guardian (sección Comment is Free), New Statesman, Electronic Intifada, Middle East International, Washington Report on Middle East Affairs, y otros. Su primer libro, Israeli Apartheid: A Beginner's Guide, fue publicado a principios de este año por Pluto Press.

Los puntos de vista expresados en este artículo son los propios del autor y no reflejan necesariamente la linea editorial de Al Jazeera.


Fuente: Al Jazeera